Fiesta muy caliente!
Soy Gustavo de Buenos Aires, y voy contarles una historia surgida de mis fantasías.
Esa noche decidí ir a esa fiesta, invitado por un viejo conocido con quien había compartido alguna aventura. Había muchos hombres, todos muy apuestos y masculinos.
Uno de ellos llamó mi atención. Era un tipo joven, quizás un poco mayor que yo, tendría unos 30 a 35 años. Tenía aproximadamente 1.80, cuerpo robusto, fuerte, una espalda ancha, y sus músculos estaban trabajados en el punto justo, cual imagen griega. El sólo verlo me provocó un calor que me sorprendió, y que hacía que no pudiera dejar de mirarlo. Al parecer, el también lo notó.
La fiesta tomaba un clima acalorado. El contacto entre todos aquellos hombres se tornaba ya carnal. Algunos tenían sexo en las escaleras, en los rincones. Otros lo hacían incluso a la vista de todos. El contacto carnal estaba a la orden del día.
El tipo al que no podía sacarle la vista de encima se me acercó, aprovechando que yo estaba bailando sólo, en medio de la multitud que se amontonaba cada vez más, al calor de esa noche. Me tomó por detrás, me apoyó y me dijo: -"Hola, soy Fernando. No pude evitar ver que no me sacabas el ojo de encima ¿cómo te llamás?". Le respondí diciéndole que me llamo Gustavo, y que él era todo un ejemplar de hombre, y que por eso me quedé mirándolo.
Siguió apoyándome un rato más por detrás de mí, hasta que se dio vuelta y me dio un beso de lengua que estremeció mi sistema nervioso. Así estuvimos hasta que, lentamente, nos fuimos a una especie de reservado oscuro que había cerca. Allí nos tiramos en uno de los sillones, y nos empezamos a meter mano, besándonos, tocando nuestras partes más calientes.
De a poco fuimos sacándonos nuestras ropas, hasta quedar los dos en slip. Debajo de su ropa interior se notaba su verga, de gran calibre. El bulto era evidente y tentador. La saqué de su jaula de algodón y ahí la tenía. Una pija de unos 20 cm., gruesa, una obra de arte. Comencé a chupársela de forma casi artesanal, empezando por la punta y siguiendo por el tronco, pasando mi lengua a todo lo largo. Luego la metí toda en mi boca, sin dejar nada fuera.
En eso siento que una mano me toca la cola, acariciándome. Me di vuelta y lo observé. Era un chico de unos 25 años, estatura normal, rubio y muy bonito. Me sacó el slip, mientras yo seguía chupándole la pija a Fernando.
El chico, que se llamaba Pablo, y que ya estaba desnudo, me introdujo su lengua en mi ano, lubricándolo con dulzura. Luego me fue metiendo su verga de a poco, suavemente. Yo gemía del placer que me daba; el constante vaivén de su miembro dentro mío.
Pronto pude ver como los movimientos y los gestos de Fernando se aceleraban, anticipando el final. Acabó dentro de mi boca, expulsando unos potentes chorros de leche que terminé de saborear. Mientras tanto, Pablo seguía con su fino trabajo de culearme, y a los pocos minutos él también terminaría, acabando sobre mi espalda.
Todo este acto había ocurrido ante las lujuriosas miradas del resto de la gente. Algunos se tocaban sus pijas relamiéndose. Otros aprovechaban la excitación para sacarse las ganas con alguno que estuviera a mano y también dispuesto al placer. Fernando, Pablo y yo nos fuimos a un cuarto apartado, para poder estar más cómodos.
Una vez allí cambiamos los roles. Yo me tiré en una cama, recostado, cuando Pablo comenzó a darme una mamada fenomenal. Lo hacía de una manera sublime, excitando los puntos que todo hombre siente y agradece cuando le practican sexo oral. Fernando se encontraba detrás de Pablo, haciéndole el culito, ese hermoso culito lampiño que el joven rubio poseía.
Lo veía y se me hacía casi imposible acabar viendo esa escena. El musculoso Fernando empujando su fuerte poronga en el interior de Pablo. De pronto cambiamos nuestras posiciones. Ahora era yo quien me apoderaba de la cola de Pablo, quien seguiría practicándole sexo oral esta vez a Fernando.
Ese culo era un sueño. Metía y sacaba mi miembro mientras le acariciaba la espalda, lo besaba y le decía guarradas al oído. Pablo, cual putita, le chupaba la verga a Fernando, cada vez más fuerte y gimiendo con ansias. Antes de culminar, Fernando sacó el miembro de la boca de Pablo, y terminó sobre su cara, llenando de semen su pelo y su rostro.
Al borde del éxtasis, empecé a bombear cada vez más rápido, hasta acabar dentro del culo de Pablo, que se retorcía de placer. La noche terminó conmigo haciendo un 69 con el amigo que me había invitado a la fiesta, quien venía caliente tras una noche donde el sexo predominó por completo.