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Del odio al amor...

Me llamo Jose y tengo 19 años. Era una hermosa noche de Agosto en un pueblo costero de Granada.

Estaba yo con mis colegas de facultad, Sergio y Juanma, pasando una calurosa aunque divertida noche de feria. Llegamos a eso de las 22:30, cuando estaba ya todo iluminado y lleno de vida e inocencia. Aunque éramos ya unos tíos hechos y derechos con pelo hasta la campanilla nos montamos en todas las atracciones que pudimos. Bueno más concretamente Sergio y yo, ya que Juanma pasaba de nosotros y nuestras locuras.

Tras un buen rato de hacer el indio, nos fuimos a dar una vuelta por todas las casetas de la feria para seguir con esa juerga que nos pedía el cuerpo a gritos. Aunque esta vez de una forma algo más acorde con nuestra edad, según decía el aguafiestas de Juanma… porque de sólo recordar la cara de espanto que nos ponía la gente, decía que le daba algo, joder. Aunque era normal su reacción. La verdad es que no es habitual ver montarse en las colchonetas de niños a dos maromos con casi veinte años en los cojones. Pero nos daba igual todo. Tanto a Sergio como a mí nos habían quedado más de una asignatura para recuperar en Septiembre, así que en lo último que pensábamos era en la gente. Que se jodieran… esa noche queríamos pasar del mundo entero ya que estábamos hasta los huevos de empollar como unos locos.

Comimos unas cuantas patatas asadas en el puesto de un árabe que siempre venía por éstas fechas a la feria, (seguramente para aprovechar la aglomeración de gente para así incrementar sus ventas) tras lo cual estuvimos dando vueltas por las casetas para tomarnos unas cuantas copas y bailar un rato.

Tras casi dos horas bebiendo como unos locos, (al menos mis colegas, ya que yo sólo me tomaba unos refrescos para no conducir ebrio), sentía que mi vejiga estaba llena hasta los topes, así que me fui a los servicios de una gran caseta que hay presidiendo la feria, en la que se organizaban pequeños conciertos y otras actuaciones. Se encontraban subiendo por una pequeña rampilla, en la parte trasera de la caseta, en la que apenas llegaba la dorada luz de los farolillos. Por suerte no había nadie haciendo cola ( menos mal, porque estaba que me meaba encima), exceptuando la presencia de un muchacho alto que había apoyado en la barandilla de la rampa. Estaba fumando y mirando al lado contrario a la puerta de los servicios, en una pose típica de un chulo gilipoyas que se cree alguien por tener un cuerpo diez.

Teñía su piel un hermoso color canela oscuro, y tenía una larga cabellera negra que le llegaba al hombro. Su indumentaria iba completamente acorde a su color oscuro de piel; llevaba puesta una camisa morada oscura, pegada completamente a su esbelto dorso. Y unos pantalones negros también bastante apretaditos; y para terminar unos zapatos bastante grandes, como de charol.

Cuando pasé por su lado ni siquiera lo miré ni lo saludé. El tampoco dijo nada, aunque me dio la impresión de que se me quedó mirando. Quizá me lo imaginé o quizá simplemente me confundiría con otra persona para el conocida, ya que la visibilidad era bastante mala. A decir verdad, en ese momento no le di mucha importancia a eso, me era indiferente esa clase de gente. Parecía el típico chulito ultra engominado y repetidor que suele haber en todas las clases de instituto, el típico imbécil cuya asquerosa existencia solo tiene sentido si vive puteando al más débil de la clase. Puede parecer injusto juzgar a la gente de esa forma sin haber hablado con ella, pero era tal mi experiencia en el instituto con esa clase de "gente" que los olía a leguas.

Por eso, ni siquiera le di el placer de saludarle. Fui con la cabeza alta y con mi camisa naranja oscura pegada desabrochada hasta la mitad, a conjunto con nos pantalones gris marengo, al igual que los suyos, un poco estrechos que me marcaban el paquete. Me encantaba mostrar mi nueva imagen de chico chulo y de gimnasio a las chicas, pero sobretodo a esa clase de personas.

Entré directamente a uno de los urinarios, cerrando la puerta tras de mí. Cuando empecé a mear , escuché los pasos de alguien entrando en los servicios. No le di importancia y seguí meando tan ricamente. Entonces ese sujeto poco a poco se fue acercando hasta donde yo estaba y cuando estuvo frente a la puerta intentó abrirla, pero al estar cerrada con el pestillo no pudo.

-¡Joder tío, ¿no ves que está cerrada?! ¿¡qué coño haces!?.- dije iracundo.

-…perdona tío…-me dijo una voz joven y grave que me resultó conocida. Estuvo un rato en silencio tras la puerta. No se movía, ni se inmutaba en absoluto. Menudo borracho de mierda, pensé.

-Esto, disculpa que te moleste otra vez…

-¡Me cago en la puta, que no puede uno mear tranquilo! A ver, qué quieres.-contesté de nuevo, con más mala leche que la vez anterior. Me estaba tocando las narices.

-Veras, te he visto entrar y me ha parecido reconocerte, ¿eres Jose, del instituto Olivar?.

Al escuchar esas palabras un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Estaba perplejo. No era ningún borracho, sino alguien que me conocía.

-Eeemmm, sí , lo soy… qué ¿¡te… conozco!?.

-Uhmmm… no sabes tú cuanto…-dijo en un susurro que no percibí en ese momento.

Me dio otro escalofrío al no entenderle bien, aquello estaba empezando a ponerme nervioso. Terminé de mear y empecé a abrir el pestillo del urinario con un gran titubeo. Algo en mi interior, quizá ese hormigueo en el estómago, me avisaba que no lo abriera; pero hice caso omiso a esa especie de paranoia que me estaba dando y abrí con decisión. Qué coño puede hacerme un piltrafa de mi antiguo instituto, pensé. En un segundo me daría cuenta de lo equivocado que estaba.

-Bueno, a ver quien cojones er…

Se me cortó el habla cuando lo vi y reconocí su rostro. Estaba apoyado con ambos brazos en el quicio de la puerta a modo de que no pudiera salir. Estaba ahí plantado mirándome con aquellos ojos felinos y esbozando aquella sonrisa malévola que lo caracterizaba. Era el chico de la entrada de los urinarios. Aquel que me calló mal desde el primer instante en el que lo vi. Era Nacho, el cabrón de mi antigua clase de instituto, aquel que me amargó tantos años de mi existencia. ¡¡Mierda!!. Por qué me lo tuve que encontrar, joder.

Desde luego me impresionó verlo tan cambiado desde la última vez que lo vi hace tres años y medio. Estaba mas fibrado y algo más alto. También le había crecido el pelo muchísimo y el moreno de su piel se había oscurecido, aumentando el contraste que tenía ésta con sus ojos color miel claro, que le daban una mirada tierna, pero a la vez salvaje e intensa. Aquella visión me estremeció muchísimo, haciendo que me temblara las piernas y que comenzara a jadear del pánico que me estaba dando.

-Vaya, vaya, "Chemito", ¿a qué viene ese lenguaje tan malsonante con tu queridísimo amigo del alma, eh? Jeje.

Aquella voz tan grave pronunciando ese sobrenombre que sólo él me llamaba me retumbó hasta lo más profundo de mis entrañas, provocándome una ligera erección y que mi respiración se volviera más irregular aún. Me estaba dando un ataque de ansiedad en toda regla, que de haber sido aquel crío con el que se metía hace años, hubiera hecho que me meara encima. De repente, me dio un súbito sentimiento de odio que hizo que el tembleque de mis piernas y en mis labio cesara, permitiendo que me serenase.

-Uuuuy, perdona que no te haya reconocido "Nachito"- le miré de arriba abajo con el mayor gesto de asco que pude reflejar con mi rostro- estás aun mas decrépito que la última vez que te vi, ¿acaso ya no solo te metes cocaína o qué?.

Me miró sorprendido durante un instante, pero no tardó ni un segundo en esbozar su típica sonrisita de ser superior. Cómo me jodía ese gesto, coño.

-Jeje, me gusta tu sentido del humor Chemito- quitó los brazos del quicio de la puerta. Se los cruzó y acercó un poco su cara a la mía- por lo menos ya no te meas ni te cagas encima de miedo al verme, jijiji.

Eso fue peor que si me hubiera dado una puñalada en todo el hígado. Maldito cabrón de mierda. Había sido un golpe muy bajo por su parte, ya que estuvo toda mi adolescencia mofándose de que una vez cuando me persiguió con sus "esbirros" para pegarme y me alcanzaron, simplemente me oriné encima del miedo que tenía. Joder. Era un niño de diez años frente a tres de casi trece años casi… fue una reacción normal. Yo ante eso no me quedé callado, y le contesté con toda la tranquilidad del mundo.

-Mira "colega", si me cagaba encima era porque tu asquerosa cara me descomponía el estómago, puta sabandija de los cojones…- le miré con un odio profundo- espero que no me lo tomes a mal, tío, y que eso no rompa nuestra preciosísima amistad- y le puse una de las sonrisas mas cínicas de todo mi repertorio. A ver cómo contestaba a eso.

Tras esa especie de confesión, se quedó bastante sorprendido. Nunca habíamos cruzado más de dos palabras antes de cada paliza que me llegó a dar, y menos aún de esa forma tan prepotente por mi parte. Desde luego me quedé en la gloria cuando se lo solté. Pero él lejos de quedarse callado, empezó a reírse a carcajada limpia. Por mi parte, en vez de darme más rabia, me impresionó tanto aquella reacción que me quedé con cara de gilipoyas. No era su risita cínica de siempre, sino una de completa sinceridad. Tras un buen rato, se intentó serenar.

-Jajajaja, uhfff, desde luego Chemito éstos casi cuatro años sin vernos te han sentado de puta madre, ¿eh?- se comenzó a secar las lágrimas y de repente su actitud volvió a cambiar, mostrándome aquella sonrisa que me descomponía el estómago del miedo-…pero, aunque te creas que hayas mejorado ese cuerpo de pelele que tienes con el dinerito de tu papá ricachón…- en ese momento dejó de sonreír y puso una cara de mala leche que me heló la sangre por completo-…no te da derecho a hablarle así a tus mayores, chaval.

Tras decir esto se empezó a acercar poco a poco de manera desesperantemente lenta, mientras que yo retrocedí todo lo que ese habitáculo cúbico me lo permitió, acojonado completamente. Cuando su cara estuvo a escasos centímetros de la mía, me susurró suavemente.

-Te voy a tener que enseñar modales, nenaza… y ya sabes cómo son mis métodos de educación…- me pellizcó una mejilla y me dio unas palmaditas en la cara. Yo por mi parte… no sabría expresar con palabras la cara de pánico que tenía en ese momento. El me sonrió con malicia y apartó la cara un poco.-¡ vamos Chemito! ¡ no me pongas esa cara ahora con lo bien que ibas de chulito! Será como en los viejos tiempos, una palicita y ya está, jeje.

De repente me cogió de la camisa y pegó su cara a la mía. Yo no podía articular palabra. No me lo podía creer, era como volver a esos horribles años de sometimiento. ¡¡Joderrr!!. Entonces me armé de valor y me deshice de su agarre.

-¡¡¡A mí no me vengas con gilipoyeces!!!- y le arreé un puñetazo con todas mis ganas haciendo que él callera al suelo.- Mira chulo de mierda, no te creas que vas a mangonearme a tu antojo como en el instituto así que vete antes de que te haga dañ…

-¡¡¡Te vas a enterar maldito hijo de perra!!!.

Se me abalanzó encima y me dio un rodillazo en el costado. Yo me tambaleé y antes de que pudiera recomponerme me cogió del pelo y me dio tres puñetazos en el estómago con todas sus ganas. El muy cabrón habría ido al gimnasio, porque sólo con eso me dejó arrodillado y sin respiración.

-¡Mira lo que me has obligado a hacer!.- me dijo mientras se limpiaba la sangre del labio que le había roto con mi puñetazo- eso te pasa por chulito, ¡gilipoyas!.- dio un puñetazo en la pared y yo comencé a temblar sin control alguno, como una presa que está a punto de ser destrozada por su depredador y es consciente de ello. Se quedó un rato en silencio mientras yo luchaba por respirar de nuevo con normalidad.

De repente se puso en cuclillas, me cogió del pelo y me acercó la cara a su boca. Restregó su cara por la mía, raspándomela con su barba de dos días, y me chupó la oreja con la lengua. Yo sólo pude sollozar y seguir temblando como una puta nenaza. El se percató de ello, me cogió de la barbilla con suavidad, colocando mi cara frente a la suya. Me sonrió.

-Tranquilo, que no te pegaré más Chemito, aquel jueguecito que nos traíamos en el instituto me aburre un poco y me deja los nudillos hechos polvo, así que he decidido darle dar un nuevo enfoque a nuestro encuentro…- sacó la lengua y me lamió los labios. Me giró la cara suavemente y me dio un pequeño bocado en la oreja tras lamérmela otra vez. Y continuó la frase con un susurro que me hizo temblar más aun, pero no de miedo precisamente- un enfoque más… placentero, jejejeje- entonces me regaló una sonrisas mas morbosas que yo nunca antes había visto en mi vida.

No sé que me excitó mas, si aquellas muestras de cariño sobre mi oreja o aquel nuevo enfoque que yo ya intuía de que sería. Sólo sé que aquello provocó un estallido de sangre hacia mi polla y la consecuente segregación de líquido pre seminal que me encharcó los pantalones y me hizo vibrar. Uhfff. Sentía que me iban a estallar los gayumbos de lo dura que se me puso, joder.

Entonces se incorporó y se desabrochó su camisa morada oscura hasta el final, dejando ver su bien formado y sudoroso tórax. Tras eso, bajó sus manos hacia su paquete y empezó a acariciar un prominente bulto que le estaba creciendo entre sus piernas. Mientras lo hacía me miró salvajemente a los ojos.

-Bájame los pantalones…Chemito…-dijo al fin.

No podía creer lo que me propuso. Esto provocó otro vómito de pre seminal mucho más potente que el anterior, haciéndome gemir ahogadamente. No pude evitarlo, y me odiaba por ello. Fue entonces cuando dio un golpe con su puño a una de las "paredes" del urinario y me gritó.

-¡¿Estas sordo o qué?! ¡He dicho que me los bajes!.

Obedecí al instante. Se los empecé a desabrochar, notando cómo su miembro crecía y se endurecía aún mas, a la vez que convulsionaba locamente. Aquella visión hizo que se me retorciera la polla del puro morbo, tornándose más dura que antes. Cuando se los bajé junto a los calzoncillos, su polla me golpeó levemente la cara, manchándomela de su espeso y oloroso líquido pre seminal. Su miembro sería de entre 16 y 17 centímetros de largo y además lo tenía muuuuy gordo. Tenía tres venas gordas atravesando su oscuro tronco, y su glande estaba brillante y palpitante. No sé si era aquella luz amarillenta de los lavabos, pero parecía que lo tenía al rojo vivo. Se me empezó a hacer la boca agua al ver aquel suculento miembro viril. Al ver mi cara corrompida por el deseo me dijo con la voz entrecortada por la excitación.

-Venga…¿a qué esperas para chupármela con devoción?... hoy quiero follarte esa boquita de puta que tienes hasta el esófago, jeje.

Yo estaba en un estado de excitación máxima, y de no ser porque se me vinieron las peores putadas que me hizo, me hubiera tragado ese bate de béisbol por completo. No podía hacerlo aunque lo deseara con todo mi cuerpo (cosa que aunque me costara admitirlo, era la puta realidad) y darle esa satisfacción, pero por otro lado no podía escapar de aquello, no me podía mover debido al dolor punzante que tenía en el estómago. Entonces se me ocurrió una forma de putearle. Se la agarré con pasión. Se la levanté, cogí saliva y le escupí en los huevos.

-Pero que coj…

Me abalancé a sus peludas y rugosas pelotas y se las chupé y succioné locamente. El al no esperarse ese movimiento, me agarró la cabeza con ambas manos y resopló mientras daba un pequeño gemidito que me puso los pelos de punta. Yo jugaba con mi lengua, sacándomelos, lamiéndolos, volviendo a metérmelos en la boca mientras con la mano derecha se la cascaba lenta y torpemente. El por su parte, no me paraba de mirar con cara de sorpresa y de deseo mientras comenzaba a jadear. Iba de arriba abajo, sin cesar de cascársela y sin llegaren ningún momento al glande, mientras con la mano izquierda le agarraba y masajeaba los huevos.

-Uhmmmmm, así que… te gusta hacerte de rogar, ¿eh putitaahg? Uhfff. Te pienso asfixiar con mi verga, cabrón, jejeje.- y esbozó una sonrisa pícara. Hijo de puta…que morbo me daba en muy cabrón.

Me costó muchísimo reprimir mis bajos, que me pedían a gritos tragarme ese trozo de carne caliente, estaba tan cachondo que no podía negar aquel deseo que tenía… aunque seguía teniendo en mente en todo momento el hacerle una buena putadita aquel mamón.

Cogí un poco del líquido pre seminal que había en mi cara y le empecé a masajear con el dedo gordo en glande, mientras mi lengua reptaba suave e inexorablemente hacia su capullo. El no cabía en sí del placer que le estaba dando. No podía parar de jadear y de gemir de forma muy sonora. Su cipote empezó a convulsionarse como si estuviera vivo y no paraba de vomitar aquel blanquecino líquido…se acercaba ya el momento.

Ya me notaba algo mejor del dolor de estómago y ya sentía que me podía mover sin problema, ya podría realizar mi plan, aunque para ello debía de volverlo aún más loco de placer. Entonces agarré con mis manos sus duras nalgas y con mi lengua comencé a rozar su brillante glande, haciéndole pequeñas embestidas en el frenillo y en la salida directa de sus fluidos sexuales, los cuales seguían sin parar de fluir. Esto le hizo rugir de placer y que intentara con las pocas fuerzas que tenía meterme su polla en la boca.

-Vengaahhg… chúpamela, ¡ugh!, que hoy vas a probar una buena leche de macho, Chemito, pienso hacer que te la tragues enterit… ¡¡ahhhgg!!.

En eso momento empecé a meter y a sacar rápidamente su glande de mi boca hasta que tras unas embestidas, me la tragué casi entera. Esto le provocó un calambrazo en todo el cuerpo. Gemía entrecortadamente como un cerdo en celo, mientras meneaba sus caderas alocadamente. Yo por mi parte, sentía que de un momento a otro se me iban a romper los calzoncillos… pero me contuve en seguir. Era ya el momento de actuar. Me la saqué de la boca de golpe y no hice ningún movimiento durante un buen rato. Entonces me miró iracundo y me gritó.

-¡¿Pero qué cojones te pasa, puta nenaza de mierd…?!- antes de que pudiera acabar la frase, actúe sin dudarlo…

Continuará…
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